POR PUERTO RICO

 

Hoy al llegar del trabajo mi hija de 19 años me preguntó si tenía tiempo para escuchar un par de canciones que le habían tocado el alma. Le dije que sí  y nos dirigimos a su cuarto, donde tomo su computadora, busco su primera canción y comenzó a escucharse la melodía. Yo leía al mismo tiempo una carta que había llegado de mi obispo, alabando la labor de los diáconos permanentes y haciéndonos llegar copia de un comunicado del Cardenal Claudio Hummes, donde nos felicitaba por nuestra labor. Mi hija me indico: “Esta se titula “Canción para Vieques” y al mismo tiempo se empezó a escuchar la letra de la misma. “Habla también de ustedes” me recalcó; y poco a poco la letra fue penetrando por mis oídos y tocando la fibras de mi ser, al recordar el sufrimiento de 60 años de historia viequense y como los pescadores se enfrentaron con sus frágiles embarcaciones a los buques de guerra. Escuche como el pueblo se unió y como, por una vez, nuestro pueblo tuvo un mismo destino, un mismo pensar, una misma razón y una misma esperanza “por amar las mismas cosas”. Los recuerdos comenzaron a fluir a través de mi mente creando un torbellino de emociones en mi interior. Volví a vivir las noches en la playita Yayi y el compartir desinteresado y llano entre iguales, sin importar quien fuera el otro; la armonía entre religiosos, políticos, sindicalistas, instituciones y personas independientes que se habían decidido luchar por la justicia y la paz aun a costa de su propia libertad. Recordé aquella madrugada cuando entro la llamada indicando que habían cambiado la guardia civil por militar en el portón Garcia. Eran las 4 de la madrugada. Como nos reunimos en la capilla ecuménica y cuando comenzaron a llegar naves anfibias con agentes federales con armas largas rodeando a todos los que allí estábamos, combinados con la marina de guerra de los Estados Unidos. Recuerdo tantos detalles que los aburriría con el recuento, pero lo que mas recuerdo es que esta experiencia me marcó para siempre. Nos enfrentamos a la fuerza armada más fuerte del mundo, con las manos abiertas y con una mirada de paz que reflejaba lo que se sentía en el corazón. Fuimos un solo pueblo y Dios estuvo con cada uno de nosotros y en nosotros. El pueblo se manifestó en una sola voz, la voz de Dios, y esa voz fue escuchada por el mundo entero. Las imágenes de los arrestados (secuestrados) aquel 4 de mayo del 2000, entre los que se encontraban religiosos, religiosas, políticos, sindicalistas, jóvenes y gente común como tú y como yo, circularon a través del orbe.
Algunos se preguntan ¿Qué conseguimos? Y en mi interior se reafirma con certeza: Noches de paz para mis hermanos viequenses, el cese de los abusos con el pueblo y no ha vuelto a morir nadie a causa de un misil  perdido. ¿Que conseguimos? La conciencia de haber hecho lo correcto en el momento correcto, haber experimentado que cuando este pueblo de Dios se une en una causa justa no hay fuerza sobre la tierra que lo detenga y tener un punto de partida y un apoyo en el camino resbaladizo que nos invita a levantar la vista al horizonte y aspirar por un mejor porvenir.
No se que fue lo que hizo que este pueblo se uniera con la fuerza que lo hizo. No se si fue la muerte del Sr. David Sanes, la acumulación de injusticias durante 60 años o la indignación de no haber hecho nada por cobardía, desinterés o comodidad. Solo se que hoy tenemos una crisis tan grande o mayor que la de Vieques, cuando nuestro pueblo se desborona moral, económica y socialmente en una lucha fraticida de poder y tener. La diferencia entre ricos y pobres se agiganta y los gritos de desesperación de mi pueblo se tornan ensordecedores en los que aspiramos a tener un Puerto Rico en donde cada ser humano sea valorado, respetado y  dignificado. La violencia parece no tener fin y no vemos en el panorama una luz que nos marque el camino. Las voces de los profetas han sido calladas y cuando uno se atreve a levantar la voz lo tildamos de fanático político que atenta contra el bienestar del pueblo.
Ante este panorama pesimista y desgarrador tal vez se nos haga difícil mirar hacia el futuro, pero tal vez no sea tiempo de mirar hacia el futuro sino hacia atrás. Mirando hacia la experiencia de Vieques encontraremos los sentimientos, las razones y la motivación para aunar esfuerzos que superen los personalismos y las ambiciones particulares para trabajar junto en la construcción de un Puerto Rico más  justo en donde se respire la paz. Esta tarea titánica no esta libre de riesgos porque hay quienes se benefician de la desesperación y confusión del pueblo.
Hoy debemos volver la mirada a la experiencia de Vieques y si es necesario volver a la Yayí para redescubrir la motivación que nos lance hacia la nueva reunión de un pueblo unido que lucha por cada hermano que hoy sufre en desesperación. Volvamos a  nuestras raíces y superemos las diferencias que nos separan; hagamos cenizas nuestras distancias y comencemos a caminar juntos como pueblo. El mejor tiempo es ahora y la mejor persona para comenzar la reconstrucción de nuestro pueblo eres tú.
El escritor Og Mandino dice en uno de sus libros: “Si encendieras una luz en medio de una noche oscura, tal vez no consigas mucho pero si todos a una vez encendemos una luz en medio de la noche, la noche mas oscura se tornará  en el día mas resplandeciente”.  Actualmente muchos de nosotros estamos inquietos por el rumbo de nuestro país que corre cual estampida rumbo al precipicio entre abusos de poder, discusiones carente de sentido entre las personas que hemos elegido para gobernar el país, una guerra fraticida en las calles y en las estructuras donde se supone que se trabaje y se discierna el bienestar de nuestro pueblo, la carencia de recursos que limitan el llevar a la mesa el pan de cada día y la manipulación y el silenciamiento de las instituciones legendarias que han servido de luz en medio de la oscuridad y de voz del pueblo en medio de la crisis. Hoy hemos dejado que la moral de nuestro pueblo, la cual dignifica y sienta las bases para una convivencia ordenada, haya sido desvalorizada y se cuestione a las personas e instituciones que han velado por la misma, tildándolas de fanáticos religiosos, anticuados y personas carentes de sentido. Nos hemos quedado mudos ante las manifestaciones que deterioran nuestra dignidad de pueblo y han quedado como ciertas ante las mentes de los mas débiles de carácter aquella mentiras que destruyen nuestro espíritu de pueblo.
Hoy podemos seguir callando por miedo, comodidad, conveniencia o indiferencia y seremos cómplices de la destrucción de lo que nos hace únicos e irrepetibles o podemos reafirmarnos en que nuestro pueblo puertorriqueño sabe sobreponerse a cualquier crisis por fuerte que esta sea porque somos pueblo de Dios caracterizados por el “Hay Bendito” que nos lanza a poner el corazón donde esta la miseria, conscientes de que tenemos que unir nuestros esfuerzos, capacidades, creatividad y entusiasmo como pueblo para superar esta crisis y cualquier otra crisis que pueda alcanzarnos.
Hoy podemos declararnos vencidos ante la crisis o decir como el profeta Josué ante las tribus de Israel en Siquem: “Yo y mi familia serviremos al Señor” (Josué 24), solo que esta vez estamos en Puerto Rico y se convoca al pueblo puertorriqueño y se les da a elegir entre no hacer nada y unirnos como pueblo para superar este momento histórico. Por mi parte proclamo: YO Y MI CASA SERVIREMOS AL SENOR CONVOCANDO AL PUEBLO PARA TRABAJAR POR PUERTO RICO.  

Te invito a  comenzar. Tu participacion activa es impresindible en la reconstruccion de nuestro Puerto Rico. No lo dejes en manos de otros.

 Escribe a:http://tu_don_quijote.lacoctelera.net

Hagamos este sueño realidad.

Algunos pensamientos importantes que te ayudaran a reflexionar.

Intención:

Contribuir a que nuestro pueblo puertorriqueño y cada uno de los que lo habitamos para que vayamos creando espacios sociales, económicos, políticos y de relaciones interinstitucionales en los cuales se viva el clima específicamente humano, fruto de una ecología humana que las personas necesitan para crecer como tales, alcanzando una calidad de vida que beneficie a todos, especialmente a los mas pobres. (Aterrizaje de la Doctrina Social en nuestra realidad puertorriqueña)

Fundamento:

Quienes hoy quizás mas que antes, se dan cuenta de tener un destino común que construir juntos si se quiere evitar la catástrofe de todos. (Sollicitudo Rei Sociales, N.26)

Quien quiera renunciar a la tarea difícil pero exaltante de elevar la suerte de todo hombre y de todos los hombres bajo el pretexto del peso de la lucha y del esfuerzo incesante de superación o incluso por la experiencia de la derrota y del retorno al punto de partida, faltaría a la voluntad de Dios Creador. (Juan Pablo II)

Cuando decimos todo el hombre queremos significar también que un autentico proceso de desarrollo crea espacios apropiados para el ejercicio de todos los derechos y obligaciones correlativas que derivan de la misma naturaleza humana y, en especial, el derecho a la vida, a la verdad, al trabajo, a la libertad religiosa y a vivir en un ambiente no contaminado.
De todos los hombres quiere decir que en esta  tarea, todos estamos llamados a participar. No podemos excluir a nadie. Todo ser humano debe ser objeto no solo de preocupación social sino sujeto activo, autor de su propio destino. Manual de Doctrina Social de la Iglesia 9.1) 

Los gozos y las esperanzas, las tristezas y las angustias  de los hombres (y mujeres) de nuestro tiempo, sobre todo de los pobres y de los que sufren, son a la vez los gozos y las esperanzas, las tristezas y las angustias de los discípulos de Cristo. Nada hay verdaderamente humano que no encuentre eco en su corazón. (Gaudium et Spes No. 1)

La persona humana así concebida es, para la Doctrina Social de la Iglesia, Fundamento, Causa y Fin de las instituciones sociales (Mater et Magistra, 219). La persona es para nosotros el valor mas alto en este universo posible; un fin en si misma, nunca un medio. Por consiguiente, ni la nación ni el estado, ni la clase social, ni la raza, ni la seguridad nacional pueden desplazar la centralidad de la persona. (Manual de Doctrina Social de la Iglesia 8.1.7)

Constituimos con nuestros semejantes una gran familia ya que tenemos un mismo origen, una misma vocación, un mismo destino que construir juntos mediante un gran esfuerzo solidario. (Manual Doctrina Social de la Iglesia, 8.2)

La solidaridad como actitud de fondo implica en las decisiones económicas, sentir la pobreza ajenas como propia, hacer carne de uno mismo las miserias de los marginados y, a la vista de ello, actuar con rigurosa coherencia. (Juan Pablo II, discurso a la CEPAL)

No se trata solo de la profesión de buenas intenciones sino también de la decidida voluntad de buscar soluciones eficaces en el plano tecnico de la economía con la clarividencia que da el amor y la creatividad que brota de la solidaridad. (Juan Pablo II, Discurso a la CEPAL. 3 de abril de 1987, No. 7)

Los pobres no pueden esperar. Los que nada tienen no pueden aguardar un alivio que les llegue por una especia de rebalse de la prosperidad generalizada de la sociedad. (Juan Pablo II, Ibíd.).

Dios ha destinado la tierra y cuanto ella contiene para uso de todos los pueblos. En consecuencia, los bienes creados deben llegar a todos en forma equitativa bajo la égida de la justicia y con la compañía de la caridad (Gaudium et Spes, 69).

La primacía de la persona humana, la solidaridad universal, la opción preferencial por los pobres, la subsidiaridad y la primacía del bien común constituyen, a nuestro juicio, las convicciones fundamentales que toda conciencia cristiana debe aceptar, interiorizar y poner en practica.(Manual de Doctrina Social de la Iglesia 8.7)